DE VERDAD ES ASÍ?
¿Crees que ser frío y calculador te hace mejor? A mis ojos, los calculadores no son más que cobardes disfrazados de estrategas, ocultándose tras una armadura para evitar cualquier herida. Pero, ¿de qué sirve vivir blindado si nunca sientes el filo de la vida?
Prefiero desnudarme ante el mundo, sin máscaras ni filtros. Cuando no hay secretos que ocultar, ¿qué pueden usar para herirme? En mi vulnerabilidad encuentro mi fortaleza; el que no teme mostrar su esencia es invencible.
He encontrado muchos que disfrutan atormentándome por asuntos que ni les incumben. Se llenan la boca con palabras como "lealtad" y "fidelidad," pero sus actos las vacían de significado. ¿Entienden siquiera la profundidad de esas palabras o solo las usan como adornos para su ego?
Me rodeo de quienes ansían la atención como si fuera aire. No comprendo su obsesiva necesidad de brillar en el centro del escenario. Dicen que para avanzar debes rodearte de gente “exitosa,” pero ser un peldaño en su escalera no me interesa. Es irónico: esos “exitós” que tanto admiran dependen de los aplausos ajenos porque, en realidad, no tienen nada propio que ofrecer.
Antes de escribir estas líneas, me miré al espejo. Lo que vi no era un reflejo perfecto: soy mediocre, hipócrita, falso… para quienes no me importan. Pero quienes tienen mi amistad saben que es incondicional, que seré el primero en estar cuando me necesiten. En eso destaco, aunque no por orgullo. Prefiero ser el segundo, el tercero o incluso el último. Desde las sombras, observo, anticipo, comprendo. Es un lugar donde las oportunidades florecen sin ser cegado por los reflectores.
Y aquí estoy, en un lugar que muchos que se autodenominan “primero” sueñan alcanzar. Lo logré con acciones simples, con pasos firmes. Por eso sigo viviendo con los ojos abiertos, sin permitir que el deslumbramiento me vuelva ciego.
¿Sé qué quieren oír? Tal vez. Podría decir que soy un manipulador, pero no es completamente mi culpa. La gente parece desearlo. Les entrego respuestas superficiales, fáciles de refutar, mientras en silencio los observo desnudarse a sí mismos.
El 99% de quienes se alejaron de mí aseguraron que me arrepentiría. Putos locos egocéntricos. En verdad, doy gracias por su partida. Eran lastres, no aliados. Extraño más a mi perro cuando lo dejo solo que a esas personas que no aportaron nada.
Personas que se inmiscuyeron donde no eran llamadas, que se deleitaban en crear caos. ¿Podrán decirme, con sinceridad, una sola cosa que hayan hecho por mí? Y no me vengan con que “te escuché,” porque yo también escucho, pero además presto atención. ¿Qué han hecho por mí realmente?
Lo sé: nada. En cambio, yo podría llenar listas enteras de momentos en los que estuve ahí para ellos. Porque, para mí, la lealtad es sagrada.
Gracias a esas lecciones, he aprendido a ser franco, incluso cuando la verdad incomoda. He sido capaz de hablar con amigas con total sinceridad, de pedir sin rodeos cosas tan complicadas como sexo sin compromiso, pero también de comportarme como un caballero cuando corresponde. Me adapto a cada persona, no por hipocresía, sino para evitar conflictos innecesarios. ¡Seamos honestos! Todos claman amar la sinceridad, pero es lo que más les hiere al escucharla. Y sí, el concepto de sinceridad para muchos es que les digas lo maravillosos que son, que iluminaron tu vida. ¡Que se vayan al diablo! Son tan cobardes como hipócritas.
Viviré como siempre, con los ojos bien abiertos y el corazón expuesto, porque esa es mi manera de ser libre.